El doctor en optometría David Piñeiro y Saúl López, doctor en psicopedagogía y psicomotricista, impartieron el pasado fin de semana una formación especializada en nuestra ciudad.

María Puertas, Óptico-Optometrista que desarrolla su actividad profesional en nuestro centro, Sahún Óptica, en las áreas de visión infantil y terapia visual, ha participado de esta interesante propuesta y comparte con nosotros los pilares de un enfoque tan ventajoso para la población en la que se identifican dificultades de aprendizaje como para sus familias.

En primer término, debe acotarse con precisión aquellos desempeños que el niño no alcanza a ejecutar en norma de edad cronológica. La realización de test específicos de rendimiento y competencia nos proporcionarán datos sobre los que ir desentrañando el perfil concreto de dificultad.

En el circuito de evaluación se debe atender a elementos conductuales y educacionales por parte de psicólogos, psicopedagogos y logopedas, sin relegar por ello la influencia de las áreas sensorio-motoras que se encuentran en la base de la pirámide del aprendizaje.

De este modo, la función visual, auditiva y propioceptiva deben ser tenidas en cuenta, sin limitarnos a evaluar la integridad orgánica (traumatólogos, otorrinolaringólogos, oftalmólogos), sino atendiendo también a su eficiencia. Fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales u optometristas versados en la infancia, aportan una valiosísima información y deben participar activamente tanto en los diagnósticos como en los tratamientos, si es el caso, de estos pacientes.

Muchos profesionales, es cierto, pero sabedores de lo relevante de la tarea a desempeñar y lo complejo de la misma, el trabajo multidisciplinar, desinteresado y proactivo puede representar, y representa la sustancial diferencia.

Esperamos que os haya interesado esta mínima incursión en un tema tan amplio y controvertido del que podemos hablaros, como sabéis, de primera mano, y del que seguiremos informándoos en próximas entradas.

Muchas veces habréis escuchado a alguien de vuestro entorno hablar sobre la lateralidad, sobre todo en relación a los niños. Pero, ¿qué es la lateralidad y en qué les afecta?

El cuerpo humano es anatómicamente simétrico, pero funcionalmente asimétrico. Nuestro cerebro está formado por dos hemisferios, derecho e izquierdo, constituidos por cuatro lóbulos cerebrales, los cuales dominan las distintas funciones corporales. Sin embargo, el hemisferio derecho es el encargado de controlar la parte izquierda del cuerpo y el hemisferio izquierdo es el responsable de la parte derecha.

¿Qué es la lateralidad?

Se definiría la lateralidad como la preferencia que muestra el ser humano en utilizar un lado u otro de su cuerpo. Lo más llamativo de la lateralización es la dominancia manual, aunque es también muy importante la dominancia del pie, el ojo y el oído.

Generalmente la lateralidad se define en etapas tempranas de la vida. En los primeros meses, se inicia la tendencia hacia el uso de un lado del cuerpo, y posteriormente, entre los 2 y 5 años, es cuando se define el control motor preferencial de un lado, pudiendo llegar este proceso a extenderse hasta los 7 años de edad.

En la mayoría de las personas, se da una prevalencia de uno de los hemisferios y por lo tanto del lado contrario del cuerpo. Eso es lo que se llama comúnmente lateralidad homogénea, y nos permitiría un desarrollo neurofisiológico, mental y emocional de acuerdo a nuestro cociente intelectual y emocional real.

Un ejemplo de lateralidad homogénea es que seamos diestros de mano, pie, ojo y oído.

Sin embargo, en algunos casos, la lateralidad no se define correctamente. Se generan conexiones cerebrales inadecuadas y los impulsos nerviosos no son enviados ni recibidos en el lado que deben, provocando como resultado que  la persona utilice la parte derecha para realizar algunas funciones y la izquierda para realizar otras. A esto se le llama lateralidad cruzada.

Un ejemplo de lateralidad cruzada es que seamos diestros de mano y pie, pero no de ojo u oído.

Es importante que los padres observen cómo los pequeños realizan ciertas tareas y qué partes del cuerpo destinan a ellas, ya que puede darles una idea de las dominancias preferenciales y detectar si está desarrollándose lateralidad cruzada.

¿Qué supone tener lateralidad cruzada y qué podemos hacer para ayudar al niño?

La existencia de lateralidad cruzada, supone que el cerebro tenga que realizar un esfuerzo energético extra para compensar.

En el ámbito escolar, los niños van a encontrarse manejando imágenes y símbolos (letras y números), donde las coordenadas espaciales y temporales que utilizan son relevantes para su comprensión, por ejemplo, la posición de una letra dentro de una palabra o la de un número en una cifra larga… Si el niño no tiene esa capacidad integrada de manera natural mediante una correcta lateralidad, puede resultar en un bajo rendimiento escolar y afectar a funciones superiores como la lectura, la reversibilidad, la capacidad lógica, la comprensión, la concentración, la percepción espacio-temporal o el aprendizaje de las matemáticas, además de provocar problemas de integración escolar, conflictos familiares y desmotivación.

Si se detecta en edad adulta, la lateralidad cruzada puede mostrar los siguientes síntomas: agotamiento físico, mental y emocional, insomnio y lentitud, desequilibrio y torpeza, problemas de concentración y lenguaje, e incluso conflictos relacionales en el ámbito laboral y familiar.

Desde el área de la optometría, podemos ayudar a detectarla mediante un examen visual sencillo, y en el caso de necesitarse, realizar terapia visual para poner en orden las conexiones del cerebro y el resto del cuerpo, de modo que el paciente pueda procesar mucho mejor la información que le llega y reducir dichas dificultades citadas anteriormente.