Todo lo que a una futura madre le interesa conocer

Durante el embarazo hay tres hormonas que provocan alteraciones transitorias en diversas estructuras oculares: la progesterona, los estrógenos y en menor medida, la prolactina. Los receptores endocrinos en cornea, conjuntiva, glándulas lagrimales y cuerpo ciliar, condicionan la permeabilidad vascular y la actividad enzimática en dichos tejidos. Otro factor implicado en estos cambios fisiológicos es la retención de líquidos sistémica, que afecta tanto a cristalino como córnea.

Córnea Variación del espesor y la curvatura

Disminución de la sensibilidad corneal

Lágrima Cantidad: disminuida (reducción del reflejo lagrimal)

Calidad: disminuida (capa lipídica alterada)

Presión Intraocular Discreta disminución
Párpados Hiperpigmentación
Músculo Ciliar Relajación
Diámetro pupilar Midriasis moderada

 

 Evolución y sintomatología

En el primer trimestre se puede experimentar cierta sequedad ocular y fatiga visual.

Entre el segundo y tercer trimestre los cambios en las diferentes estructuras pueden ocasionar la siguiente sintomatología: ojo seco persistente, borrosidad mantenida o fluctuante, estrés visual, intolerancia a las lentes de contacto de uso habitual, deslumbramiento, halos, dificultad para adaptarse a cambios de iluminación.

Tras el parto, transcurridas entre 6 y 12 semanas, la mayoría de los cambios y sintomatología que acompañan se resuelven espontáneamente.  La lactancia, no obstante, puede prolongar el síndrome de ojo seco.

 

Recomendaciones

Instilar lágrimas artificiales, preferiblemente sin conservantes, evitando ambientes secos y trabajo visual intensivo frente a pantallas.

Si la variación de graduación y los deslumbramientos son especialmente molestos durante el embarazo, escoger lentes oftálmicas y tratamientos de superficie que aporten confort, a sabiendas de que estos cambios no se consolidan necesariamente hasta transcurridos 2-3 meses del parto, pudiendo revertir por completo. La lactancia interviene mínimamente en la recuperación refractiva.

Si se experimenta estrés visual y/o dificultad de foco al cambio de distancia, atender a los consejos de higiene visual (regla 20-20-20).

Evitar el uso prolongado de las lentes de contacto. Considerar el porte ocasional de lentillas desechables diarias durante el embarazo y mensuales de uso prolongado durante la lactancia.

Tener presente en todo momento, que la disminución de sensibilidad corneal deviene en una menor percepción por parte de la usuaria de complicaciones (irritación, abrasiones, hipoxia) de ahí lo pertinente de acudir a revisiones periódicas con su optometrista.

Seguir una dieta adecuada que evite déficits nutricionales

Más allá de los cambios fisiológicos transitorios expuestos, señalar que es posible que se agraven durante el embarazo enfermedades oculares previas  o que aparezcan  alteraciones patológicas que deberán ser monitorizadas por un servicio de oftalmología.

Muchas veces habréis escuchado a alguien de vuestro entorno hablar sobre la lateralidad, sobre todo en relación a los niños. Pero, ¿qué es la lateralidad y en qué les afecta?

El cuerpo humano es anatómicamente simétrico, pero funcionalmente asimétrico. Nuestro cerebro está formado por dos hemisferios, derecho e izquierdo, constituidos por cuatro lóbulos cerebrales, los cuales dominan las distintas funciones corporales. Sin embargo, el hemisferio derecho es el encargado de controlar la parte izquierda del cuerpo y el hemisferio izquierdo es el responsable de la parte derecha.

¿Qué es la lateralidad?

Se definiría la lateralidad como la preferencia que muestra el ser humano en utilizar un lado u otro de su cuerpo. Lo más llamativo de la lateralización es la dominancia manual, aunque es también muy importante la dominancia del pie, el ojo y el oído.

Generalmente la lateralidad se define en etapas tempranas de la vida. En los primeros meses, se inicia la tendencia hacia el uso de un lado del cuerpo, y posteriormente, entre los 2 y 5 años, es cuando se define el control motor preferencial de un lado, pudiendo llegar este proceso a extenderse hasta los 7 años de edad.

En la mayoría de las personas, se da una prevalencia de uno de los hemisferios y por lo tanto del lado contrario del cuerpo. Eso es lo que se llama comúnmente lateralidad homogénea, y nos permitiría un desarrollo neurofisiológico, mental y emocional de acuerdo a nuestro cociente intelectual y emocional real.

Un ejemplo de lateralidad homogénea es que seamos diestros de mano, pie, ojo y oído.

Sin embargo, en algunos casos, la lateralidad no se define correctamente. Se generan conexiones cerebrales inadecuadas y los impulsos nerviosos no son enviados ni recibidos en el lado que deben, provocando como resultado que  la persona utilice la parte derecha para realizar algunas funciones y la izquierda para realizar otras. A esto se le llama lateralidad cruzada.

Un ejemplo de lateralidad cruzada es que seamos diestros de mano y pie, pero no de ojo u oído.

Es importante que los padres observen cómo los pequeños realizan ciertas tareas y qué partes del cuerpo destinan a ellas, ya que puede darles una idea de las dominancias preferenciales y detectar si está desarrollándose lateralidad cruzada.

¿Qué supone tener lateralidad cruzada y qué podemos hacer para ayudar al niño?

La existencia de lateralidad cruzada, supone que el cerebro tenga que realizar un esfuerzo energético extra para compensar.

En el ámbito escolar, los niños van a encontrarse manejando imágenes y símbolos (letras y números), donde las coordenadas espaciales y temporales que utilizan son relevantes para su comprensión, por ejemplo, la posición de una letra dentro de una palabra o la de un número en una cifra larga… Si el niño no tiene esa capacidad integrada de manera natural mediante una correcta lateralidad, puede resultar en un bajo rendimiento escolar y afectar a funciones superiores como la lectura, la reversibilidad, la capacidad lógica, la comprensión, la concentración, la percepción espacio-temporal o el aprendizaje de las matemáticas, además de provocar problemas de integración escolar, conflictos familiares y desmotivación.

Si se detecta en edad adulta, la lateralidad cruzada puede mostrar los siguientes síntomas: agotamiento físico, mental y emocional, insomnio y lentitud, desequilibrio y torpeza, problemas de concentración y lenguaje, e incluso conflictos relacionales en el ámbito laboral y familiar.

Desde el área de la optometría, podemos ayudar a detectarla mediante un examen visual sencillo, y en el caso de necesitarse, realizar terapia visual para poner en orden las conexiones del cerebro y el resto del cuerpo, de modo que el paciente pueda procesar mucho mejor la información que le llega y reducir dichas dificultades citadas anteriormente.